Experiencias más allá del ego

Actualizado: 30 de oct de 2020

Quiero compartirles algunas experiencias más allá del ego que he vivido mientras medito en la vacuidad. Este suele ser un tema recurrente en personas que buscan la trascendencia espiritual, así que les contaré mi experiencia para que tengan más claridad en el tema.


¿Qué es la "muerte" del ego?


En la espiritualidad se habla de dos tipos de muerte: la física y la mística. La muerte física es cuando nuestro cuerpo ya no tiene la capacidad de mantener su vitalidad y desencarnamos. La muerte mística tiene que ver con una momentánea o total disolución del ego, la personalidad o el sentido de individualidad.


La muerte de la que voy a hablar es la muerte mística, que es conocida como una experiencia cercana a la muerte porque sientes que los límites entre el “yo individual” y la realidad se desvanecen, de manera que se pierde momentáneamente el sentido de “yo soy” y uno se convierte en un espectador de todo lo que sucede.


Es como si se disolviera la identidad individual con toda su historia y sus deseos futuros, a la vez que la percepción del pasado y futuro se altera y no puedes localizarte en ningún lugar del espacio.


¿Estas experiencias son agradables?


La mayoría de las personas con las que he compartido estas experiencias sienten una paz y tranquilidad indescriptible cuando la identidad individual se desvanece. Han sido personas contadas con las manos quienes sienten miedo a desintegrarse, y por lo común, suelen ser personas de edad avanzada. En mi experiencia, las primeras veces eran muy emocionantes porque buscaba intencionadamente esa disolución del ego.


La primera vez que me pasó tenía alrededor de 15 años, estaba acostado en unas gradas y cerré los ojos con la intención de experimentar la muerte mística. En esos momentos me vinieron a la mente muchas imágenes de mi vida, la novia con la que salía en esa época, mis padres, recuerdos de la infancia. Todo se proyectaba en mi mente como si me quisiera decir ¿De verdad quieres abandonar todo esto?


Muy decidido a conseguir mi objetivo, seguí observando hasta que en mi mente hubo silencio y me sentí dentro de un vacío oscuro, sin nada que pudiera percibir en él. Después de unos instantes me dio una sensación de mucho miedo, decidí que era suficiente y abrí los ojos. Nada cambió después de haber experimentado esto, seguí mi vida de manera normal.


¿Lo que experimenté fue Real?


Esta pregunta la tuve en mi mente muchos años después, volví a intentar la misma práctica, pero con otro tipo de técnicas. Aguantar la respiración, visualizar el momento de mi muerte, pensando que todo era un sueño y estaba por despertar, imaginar que salía de la Matrix… En ese tiempo tenía mucha curiosidad por conocer lo Real y pensaba que estas prácticas me acercarían a ese conocimiento, así que intenté estas y más cosas hasta que conocí a Sesha, mi maestro de Advaita Vedanta.


Con él comprendí que lo que había experimentado a mis 15 años era un estado de conciencia conocido como la vacuidad.



La meditación en la vacuidad


La primera vez que medité con Sesha me enseñó la meditación en la vacuidad. Estábamos en una clase del máster REMIND y todo el grupo compartimos esta experiencia. Primero me pedía que imaginara objetos o escenarios que él me sugería y después que los quitara de mi mente. Así estuvimos varios minutos hasta que percibí que entre cada una de esas imágenes, había un vacío oscuro y mi mente se hallaba completamente serena.


A los pocos minutos, un sentimiento de incertidumbre me llegó y Sesha me pidió que simplemente dijera lo que siento y lo dejara ir. Al expresar mi miedo a la disolución, experimenté por completo lo que se siente estar vacío, no tener historia personal ni deseos ni miedo ni nada.


Estaba envuelto en la nada