¿Por qué nos sentimos diferentes de los demás?

Actualizado: feb 5

¿Te has dado cuenta de que cuando piensas hay un "yo" que clasifica, juzga y da características diferentes a todo lo que existe? En el Advaita Vedanta, ese "yo" diferenciador es una función mental llamada ahamkara, y gracias a él formamos una identidad personal. Sin embargo, uno de sus efectos más adversos es que nos hace sentir separados de todo lo que existe, es decir, sentimos que este "yo" es diferente de nuestro círculo familiar, de aquél estilo de vida, esa ideología, aquella persona, esa cultura, este mundo, etc.


Es fácil detectarlo cuando escribimos una bio en nuestras redes sociales porque mencionamos todas las cualidades con las que nos identificamos y aquellas que no aceptamos como parte de nosotros, por ejemplo: soy abogado y activista social, adoro los atardeceres, odio el clima nublado y el chocolate blanco, soy fan del café y puedo imitar a José José.


El "yo" se forma según la información que acumulamos a lo largo de nuestra vida, seleccionando los elementos que nos resultan más agradables o importantes y, rechazando lo que nos disgusta o lo que no somos capaces de aceptar en nosotros mismos y en los demás. Estas preferencias hacen que nos identifiquemos con un género, nacionalidad, creencia religiosa, preferencia política, profesión, características de personalidad, grupo social, entre muchos otros elementos que forman nuestra identidad.


Pero, ¿qué hay de malo con tener una identidad?


Para el Vedanta no es malo tener una identidad, es necesario tener un autoestima y autoimagen balanceados para vivir en este mundo, el problema surge cuando esta identidad se vuelve tan rígida que nos volvemos ciegos ante una realidad diferente y pensamos que nuestro punto de vista subjetivo es lo único que hay.


Según el Advaita Vedanta, lo real es que no hay diferenciación entre nosotros y todo lo que existe en este vasto universo. ¿Difícil de comprender? Esto se debe a que la función mental ahamkara está activa casi todo el tiempo y no podemos percibir más allá de ella, salvo cuando estamos intensamente concentrados en una meditación o realizando una actividad en la que somos hábiles. En esos momentos de flow, podemos percibir que hay una ausencia de "yo" y que somos algo más que la mente que está continuamente pensando.


Manas: la mente en movimiento.


Adicionalmente, hay otra función denominada manas que hace que todo tenga una forma, frontera, concepto o nombre. Manas es la función mental que surge cuando pensamos, recordamos, analizamos, reflexionamos y fantaseamos. Nuestros pensamientos le ponen nombres y formas a todo lo que percibimos. Por ejemplo, establecemos conceptos para definir lo que es un soldado o médico, un puente o una escalera, el sol o la luna, el blanco o el negro, le damos nombres a nuestras emociones, sensaciones, acciones, etc.


A través de la reflexión y la imaginación, manas nos puede acercar a una comprensión más amplia de lo que somos, sin embargo, este tipo de conocimiento carece de la profundidad que otorga una mente libre de contenidos mentales y que experimenta directamente la realidad.


Cuando manas y ahamkara se desactivan gracias a la concentración mental y una actitud libre de protagonismo, aparece una función que permite la quietud o silencio interior, a la cual denominamos buddhi. Ésta se traduce como el asiento de la conciencia individual y, además de darnos la capacidad de la comprensión intelectual, también nos ofrece la experiencia de una mente receptiva que actúa como un espejo en donde se puede reflejar la Conciencia Absoluta o Brahman.



Advaita: la no dualidad.


Cuando buddhi está activa la mente se asemeja a un lago completamente quieto en donde se puede reflejar todo lo que hay alrededor de él sin distorsiones. La certeza que teníamos de ser un individuo diferente de todo lo demás pasa a ser una verd